¿Por qué hay diseños qué pretenden calmar y acaban desesperando? El exceso de blanco puede que esté perjudicando tu salud

El minimalismo extremo y el exceso de blanco prometen calma, pero pueden estar agobiando tu mente. Descubre por qué la falta de estímulos visuales es tan dañina como el exceso y cómo un toque de color mejora tu bienestar.

Nuestro cerebro necesita estímulos visuales para mantenerse en forma.

Imagina una habitación acolchada donde las paredes, el techo y el suelo son completamente blancas y un grupo de personas encerradas, vestidas de blanco y torturadas con sonidos insoportables, compite entre sí. Esto, que podría parecer una escena sacada de una película de «Saw», se ha viralizado en las redes sociales en los últimos días. La escena en cuestión es una prueba que los aspirantes a concursar en Gran Hermano Brasil tienen que superar si quieren entrar en el concurso.

Nadie duda de los efectos de exponerse a sonidos constantes, pero:
¿Qué ocurre con la habitación blanca?
¿No tener estímulos visuales puede ser una forma de tortura?

Sí, lo es.
Prueba de ello es que existe un método de tortura psicológica conocido como “Tortura blanca”

Estamos tan acostumbrados a procesar miles de imágenes a diario que no nos planteamos que sucede en el extremo contrario. Nuestro cerebro se pasa el día descifrando lo que ocurre a su alrededor, y aunque esto puede parecer, a simple vista, agotador, el cerebro disfruta de esta actividad siempre que se desarrolle de forma adecuada y sin excesos. Para que esto sea posible, es necesario tener una cantidad adecuada de estímulos visuales, pero sin perder de vista la calidad de los mismos.

La deprivación sensorial es igual de perjudicial que la hiperestimulación. Como hemos hablado en ocasiones anteriores, aunque no seamos conscientes de las consecuencias de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, nuestro cerebro sí lo es, y cuando es necesario toma decisiones por su cuenta. Si no encuentra suficientes estímulos acabará “creándolos” él mismo para poder suplir el vacío.

Seguramente hayas visto las típicas imágenes de una casa con un diseño muy actual y extremadamente cuidado. La premisa de este tipo de diseños, suele ser reducir el ruido visual y transformar el espacio en un oasis de tranquilidad. Pero, a pesar de esto, al mirar las imágenes piensas que le falta algo. Y créeme, tu intuición no te está fallando.

El exceso de estímulos en nuestro mundo ha fomentado las tendencias de diseño basadas en el extremo opuesto. El blanco se ha erigido como el color de base donde se sustentan el resto de las elecciones del diseño, basadas principalmente en una pequeña paleta de colores desaturados. Estas decisiones, al contrario de tener un efecto calmante, hacen que nuestro cerebro tenga que esforzarse más de lo necesario por leer el ambiente. Además, lo priva de disfrutar de esos caprichos visuales que lo mantienen entretenido y le hacen disfrutar del espacio de manera saludable.

La cura para la fatiga cognitiva por exceso de estímulos no es eliminar casi todos los estímulos. El secreto de un espacio saludable se basa en encontrar el equilibrio exacto, teniendo en cuenta para qué se va a usar y qué personas van a interactuar con él.

El blanco no siempre es sinónimo de paz.
A veces un amarillo bien situado puede ser la diferencia entre sentirse bien o necesitar algo más.

Mantener nuestra mente en forma no consiste en protegerla del exceso de estímulos, sino en saber qué necesita encada momento y proporcionárselo.