¿Pueden los colores vivir al margen de la cultura? Cloud Dancer: el blanco como Color del Año de Pantone.

Pantone sorprendió a finales del año pasado eligiendo el blanco (Cloud Dancer) como color del año. Pero, ¿puede un solo color representar a un mundo tan diverso? Una reflexión sobre cómo nuestra cultura y nuestras vivencias personales desafían los significados universales del color y por qué el blanco nunca es neutral.

Comienza diciembre y los creativos de todo el mundo esperan, con la curiosidad de un niño en Navidad, cuál será el color elegido por el gigante estadounidense Pantone para representar el nuevo año.

Aunque hay muchas empresas que siguen el mismo ritual para elegir aquel color que nos representará durante doce meses, ninguna despierta tanto interés como Pantone. Este año, la decisión causó sorpresa en el sector. El color elegido era Cloud Dancer, o lo que es lo mismo, el blanco.

La mayoría de los debates en mi lado del mundo se centraban en si el blanco podía o no considerarse un color. Como en todo, había opiniones para todos los gustos, pero en lo que todos acababan estando de acuerdo era en que, en un mundo sobreestimulado, elegir el blanco como representante de la calma era todo un acierto. Pero reflexionemos un momento: ¿puede el blanco ser el representante de un color considerado global? ¿Acaso los colores pueden vivir al margen de la cultura?

Al contrario de las interpretaciones del color que solemos ver por ahí —donde nos dicen que el azul da confianza o el amarillo transmite alegría—, no es todo tan simple. Por supuesto que hay procesos biológicos que influyen en lo que nos transmiten los colores, pero no podemos olvidar que nuestra experiencia individual es básica para asociar estos procesos con emociones negativas o positivas. Y, por supuesto, esta experiencia individual no vive al margen de la cultura a la que pertenecemos o en la que nos hemos criado.

El azul no puede hacerme sentir confianza si lo relaciono con que, mirando el cielo, me tropecé y casi me atropellan, o con que era el color del uniforme que tuve que llevar el primer día de colegio en una nueva ciudad. De la misma manera, el blanco no puede reducirse a la idea de que es una pausa reconfortante en un mundo acelerado. El blanco es mucho más: para algunas personas es un color de pureza bajo el cual se han coartado muchas libertades; para otras, la excusa por la cual fueron exterminadas o el color de un luto que ninguno querríamos vivir. El blanco habla de una minoría dominante en un mundo donde la mayoría de la población no está representada bajo este color.

Que una empresa estadounidense, en el contexto sociopolítico actual de ese país, haya elegido Cloud Dancer como Color del Año no es una decisión estética. El color no vive al margen del contexto: es un lenguaje de raíces.

Y, por supuesto, estoy a favor de las pausas visuales hoy más que nunca. Soy una activista del silencio, pero de un silencio equilibrado, no de un silencio absoluto. Y esto significa que el blanco solo puede funcionar cuando convive junto a otros colores.